lunes, 22 de febrero de 2016

Sobrevivir al Half Term

He tenido a los niños de vacaciones durante una semana. Sí, una semana con siete días y todas sus interminables horas y segundos. Aquí en Inglaterra cada mes y medio de clases los niños tienen una semana libre. De esta forma pueden descansar, coger energías y lo más importante les permite disfrutar de una semana enterita de mimos de papá, mamá o ambos. Pero la realidad es muy diferente. Las vacaciones de half term (La semana blanca de toda la vida) son un terror. Estar metidos en casa con un niño de casi 6, uno de 3 y un bebé de 8 meses es una experiencia que no le deseo ni al peor de mis enemigos. Llega un momento que por mucha inventiva que tengas  las ideas se acaban y entonces el caos acomete. Los niños, como pájaros enjaulados, desarrollan una capacidad asombrosa para desquiciarte y desmontar la casa y al cuarto día de vacaciones te encuentras dándoles la cena a las 5 de la tarde diciéndoles que ya son las 8 y que se tienen que ir a la cama. Y es que todo vale para sobrevivir. 

El otro día hablaba con mi amiga Mathilde. Me decía que ella nunca más volvía a quedarse un half term con los niños en casa. Los campamentos son nuestros amigos. Lo sé para la siguiente. Y es que para que nos vamos a engañar, quiero a mis hijos pero tenerlos 7 días seguidos 24 horas es como ir a un Camp boot. Al menos no me ha dado la gripe. Siempre puede ser peor.

Anoche me acosté viendo la luz al final del túnel. Por fin hoy lunes mis pollitos irían a empaparse de sabiduría en sus respectivos templos. Preparé su uniforme sobre las camas como si fuera el primer día de colegio. Nos hemos levantado pronto con la ilusión (yo) del reencuentro con los amigos... Diego ha sido la primera parada. El  Nursery de Marcos está a 5 minutos. He comenzado a sospechar que algo no iba bien cuando nos hemos cruzado con varios compañeros de Marcos que no llevaban el uniforme. Las sospechas se han confirmado al llegar a la puerta del colegio y encontrárnosla cerrada. Siempre hay una madre que sabe más que tú y se te cruza y te dice No sabías que no había colé? Empiezan mañana. Y claro, tú con la mandíbula desencajada, los ojos anegados de lágrimas recoges a tu polluelo y piensas... Porque yo?

domingo, 21 de febrero de 2016

Bienvenida yo y bienvenid@ tu

No tengo muy claro cuál es el protocolo de bienvenida cuando uno empieza un blog. Creo que seré un poco egocéntrica y empezaré por darme la bienvenida a mí misma porque al fin y al cabo este Blog es para quién quiera leerlo pero sobre todo es para mí. Una vez sintiéndome bienvenida a mi casa puedo daros la bienvenida a vosotros (si es que hay alguien ahí). Gracias por escuchar mis locuras, mis aventuras y desventuras, mis recetas, mis cosas!
Llevo tiempo mareando la perdiz con la idea de escribir un blog. Creo que a muchas madres a tiempo completo nos seduce la idea de poner por escrito nuestros pensamientos en la red porque nos hace sentir que salimos de casa de una forma muy fácil. Es como ingresar de repente en el mundo adulto después de un día lleno de pañales, deberes, legos y luke skywalker. Poder comunicarse con adultos después de un día de lidiar con las fieras me resulta una idea más que interesante. Se agradece.
Es curioso cómo la mente se oxida. He estudiado durante toda mi vida y siempre se me ha dado bien y me ha gustado. Pero desde que nacieron los niños y a medida que me he ido metiendo en este papel de madre es como si el cerebro se me hubiera bloqueado a cualquier tipo de actividad pseudointelecual. Ya no te cuento si la actividad es intelectual sin pseudo. Tampoco ayuda tener, además de dos hijos de 5 y tres cuartos (como Diego define su edad) y 3 años, un bebé de 8 meses que se despierta todas las noches cada dos horas para mamá. El cerebro de una acaba por bloquearse. Es un mecanismo de autodefensa. Aún así aquí estoy, con casi todas mis capacidades mentales y sensoriales activas, lista para dar guerra.
Y sí, son las 11 de la noche y mi cerebro ya va pidiendo pista. Veo un poco doble ya a partir de esta hora asÍ que me despidiré hasta mañana. Gracias por estar ahí, espero que me acompañes en el viaje.